¿ES NEUTRA LA CIENCIA?

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La ciencia, considerada como un conjunto de enunciados puramente descriptivos y empíricamente objetivables, se presenta en principio como algo neutro, libre e independiente. En teoría, las preferencias, predilecciones, prejuicios, personalidad o valores éticos, sociales o políticos de los investigadores en cuanto seres humanos subjetivos no tienen capacidad de influencia cuando hablamos de verdades o leyes científicas aceptadas universalmente.
Por: Alex Fernández Muerza (DIVULCAT)


Según el profesor italiano de la Universidad de Génova, Evandro Agazzi, la amoralidad de la ciencia puede entenderse como una característica de los fines de la ciencia, de sus medios, o de sus condiciones y consecuencias. Así, por ejemplo, afirma que si la meta de la ciencia pura es la búsqueda de la verdad, ésta es inmune en sí a objeciones morales, por lo que desde el punto de vista exclusivamente de sus fines, la ciencia pura no causaría problemas éticos y sería siempre moralmente aceptable. En principio, siguiendo este razonamiento, sería moralmente aceptable conocer todo, y no habría verdades moralmente prohibidas.

En opinión del sociólogo de la Universidad británica de Exeter, Barry Barnes, ‘aunque casi todo el mundo acepta que la ciencia es neutral desde el punto de vista moral, casi todos creen también que la ciencia posee un papel fundamental en la solución de los problemas morales.’

Por su parte, el físico y filósofo Mario Bunge considera que la ciencia como actividad no tiene responsabilidades, ya que ’sólo las personas (humanas o subhumanas) pueden ser responsables de lo que hacen o dejan de hacer y, por consiguiente, sólo ellas pueden ser reprobadas o elogiadas. (…) La ciencia y la tecnología no son personas. Por lo tanto, no son dignas de elogio ni de censura. En particular, no es posible responsabilizarlas de nuestros males actuales.’

Sin embargo, hay autores que creen que la neutralidad de la ciencia debe ser matizada, como afirma el investigador Carlos Verdugo Serna en su clarificador artículo ‘El mito de la neutralidad de la ciencia’: ‘Es difícil atacar la tesis de la neutralidad valorativa de la ciencia sin enfrentarse a la sospecha de estar defendiendo posiciones oscurantistas, retrógradas o irracionales. Pero, a pesar de ello, tal tesis requiere ser examinada, en primer término, porque hay buenas razones para pensar que una interpretación cerrada de ella es insostenible y, en segundo lugar, debido a que continúa siendo usada para evitar o disminuir la responsabilidad socio-ética de los científicos puros. Después de todo, piensan algunos, si la búsqueda de la verdad o del conocimiento puro es moralmente neutral, sus actividades de investigación también lo son.’

En este sentido, el físico francés Jean Marc Lévy-Leblond se muestra contrario a la idea de la neutralidad de la idea basándose en cuatro puntos: a) Los científicos, que rechazan la responsabilidad de las consecuencias nefastas de su trabajo, reclaman en cambio elogios y reconocimiento por los efectos positivos; b) La ciencia sería neutra si fuera una forma de conocimiento puro, al margen de influencias externas, pero existen multitud de intereses que influyen en las investigaciones; c) Ni la ciencia escapa a las influencias directas de los condicionantes sociales ni los científicos se encuentran al margen de la sociedad, y d) La idea de neutralidad sería cierta si el balance entre posibles beneficios y perjuicios sería equilibrado, pero las estructuras sociales actuales hacen que los segundos sean más probables. En definitiva, según este autor, el conocimiento no se obtiene de forma totalmente objetiva porque el contexto social determina la producción científica, ’sobre todo en nuestra época, en la que la mayoría de los trabajos de investigación necesita inversiones financieras y humanas considerables’.

El debate sobre la neutralidad de la ciencia es siempre polémico, llegando en algunos casos a posturas extremas. Con el fin de abrir nuevas vías, Agazzi considera que debería desarrollarse una teoría de la racionalidad que supere las limitaciones positivistas de la Teoría de la Ciencia, y que se muestre sensible a la necesidad de conjugar con acierto la libertad en el ámbito de la investigación y del desarrollo tecnológico con el establecimiento de una normativa reguladora que vigile sus excesos, en definitiva, una libertad reglamentada.

Para Verdugo Serna, la polémica tiene su punto de partida en las discrepancias sobre qué es la ciencia. En su opinión, habría que distinguir entre la ciencia como proceso de la ciencia como producto. Vista así la polémica, sólo tiene que ver con la palabra ‘ciencia’ referida al resultado o producto de las actividades o procedimientos científicos. Utilizando sus palabras, Verdugo Serna afirma que ‘la ciencia presupone valores; no se puede hacer ciencia sin valores, en suma, la ciencia no es neutral valorativamente.’

El filósofo norteamericano Richard Rudner va más lejos al considerar que el propio proceso de aceptación o rechazo de hipótesis contiene un componente de carácter ético. Así, muestra que ninguna hipótesis científica es verificada completamente y que, por eso, al aceptar una hipótesis, el científico debe adoptar la decisión de que la evidencia es suficientemente alta para garantizar la aceptación de ella y que tal decisión estará en función de la importancia, en el sentido típico ético, de cometer un error al aceptar o rechazar la hipótesis.

Bibliografía:
- Agazzi, Evandro, El bien, el mal y la ciencia. Las dimensiones éticas de la empresa científico-tecnológica, Madrid, Tecnos, 1996.
- Barnes, Barry, Sobre Ciencia, Barcelona, Labor, 1987.
- Bunge, Mario, Seudociencia e Ideología, Madrid, Alianza, 1985.
- Lévy-Leblond, Jean Marc, L’esprit de sel, París, Seuil, 1984.
- Rudner, Richard, ‘The Scientist Qua Scientist Makes Value Judgments’, Philosophy of Science, vol. 20, 1953.
- Verdugo Serna, Carlos, ‘El mito de la neutralidad de la ciencia’, Diálogo Iberoamericano, n° 10 / julio-agosto 1997.

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